Lo mejor que nos podría pasar es que las relaciones sentimentales vinieran con fecha de caducidad, como los yogures, así sabriamos deantemano cual es la fecha del final y no perderiamos el tiempo en inseguridades, sospechas y discusiones; nos dedicariamos a aprobechar cada momento hasta la última décima de segundo. Aúnque si lo piensas, lo bueno de no tener fecha de caducidad es que nos permite seguir soñando que esta vez sí, este yogurt pueda conservarse PARA SIEMPRE.
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miércoles, 11 de mayo de 2011
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